¿Qué pasa cuando juntamos dos sabores de nuestra tierra?

Por un lado, la cremosidad y el aroma láctico de la Torta del Casar, más el picante y la untuosidad de la patatera.

Hablando de la Torta del Casar, es un queso con denominación de origen protegida que se elabora al norte de la provincia de Cáceres. Toda esta zona geográfica ha sido siempre de trashumancia y pastoreo, realizando las cañadas como caminos de obligado uso para rebaños según las normas del Concejo de la Mesta, aprobadas en 1273. Un privilegio real del rey Sancho IV otorgó a la aldea del Casar una tierra a su alrededor para que el ganado pudiera pastar allí libremente, época en la que este exquisito queso sirvió incluso como forma de pago. El primer documento donde se menciona el queso de oveja del Casar de Cáceres es en los Interrogatorios de la Real Audiencia, siendo la primera documentación de este queso en 1791. El motivo por el cual unimos este queso a nuestras croquetas es su textura, cualidad fundamental y diferencial de este queso; presenta alta cremosidad, carácter graso, fundente y granulosidad suave o nula. Su olor es de intensidad baja de la familia láctica y vegetal, dando su sabor intenso, poco salado, apenas ácido y con un suave amargor motivado por el uso del cuajo vegetal.

La morcilla patatera o patatera es una amplia conocida de nuestra tierra. Sea con el nombre que sea, sus ingredientes esenciales son la grasa de cerdo, patatas, pimentón de la Vera, ajo y sal, pero hay también quien le echa hierbabuena y orégano. Esta combinación de sabores nos traslada al sabor de la tradición, a una matanza en general, a casa.

“En Las Croquetas de Fer nos encantan esos sabores tan nuestros. Por eso esta mezcla en una de nuestras croquetas resulta un sabor exquisito y con esencia a Extremadura.”

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